Intentar reproducir la complejidad de importantes obras maestras de la historia del arte a través de la fotografía es un proyecto muy ambicioso. Se requiere de una extensa investigación y sobre todo una compenetración profunda con el pintor y su obra, lo cual exige no solo, un amplio conocimiento del pintor, su carácter, su historia, la época y características de la misma, entre otros, sino de una sensibilidad especial y comprensión suficiente de fotografía. Evidentemente el equipo de la revista Soho carecía de todas las anteriores.
La copia burda que se hizo del cuadro “Las Meninas” del reconocido pintor español Diego Velásquez, evidencia no solo la simplicidad con que se hizo, sino la ignorancia con que fue reflejado en la fotografía de la revista Soho. No solo se pierde completamente la esencia y complejidad de la pintura, sino que ni siquiera se copia adecuadamente lo mínimo necesario del cuadro. Es una puesta en escena al azar en la que el objetivo principal es mostrar a las modelos desnudas de la revista para satisfacer a los lectores, pero me pregunto entonces: ¿para qué complicarse tanto y caer en algo tan insultante como las copias ridículas que se hicieron a importantes obras maestras del arte mundial, y no limitarse a mostrar los cuerpos desnudos de las modelos en más detalle? Se complace más al lector indiferente y se ofende menos a los conocedores de arte que observan la revista.
Las Meninas, es una pintura realizada en el siglo XVII por el pintor español Diego Velásquez, quien a solicitud de la monarquía plasma en el lienzo a la infanta Margarita rodeada de sus meninas “(término portugués que designaba a los pajecitos y jovencitos de compañía, de origen noble, que servían a los miembros de la familia real.)” *Al mirar el cuadro, parece ser un retrato más de una familia real europea, como muchos de los que se realizaban en la época por los pintores de las cortes, sin embargo, actualmente es considerado una de las obras maestras de la pintura española.
El cuadro se desarrolla en una habitación del palacio real, que corresponde al taller personal del pintor, entonces pintor oficial de la corte. Como se mencionaba anteriormente, a simple vista se aprecia una escena cotidiana en un palacio perteneciente a una familia real europea. Aunque es una habitación grande, solo se toma una parte de ella, y se crea el lienzo en forma rectangular. La habitación se encuentra en penumbra, iluminado por una puerta abierta que se encuentra en la parte de atrás del cuadro y una ventana, fuente de iluminación de los personajes centrales del cuadro, que se encuentran en la parte de adelante. En la parte superior de la pared del fondo están ubicados dos cuadros oscuros, y en la parte inferior de dicha pared, vemos un hombre “(el aposentador don José Nieto Velázquez)”*2, que se encuentra parado sobre una escalera sosteniendo una cortina, casi en el umbral de dicha puerta, y tiene su mirada hacia el espectador. Al lado izquierdo de la puerta, vemos un espejo, donde se encuentra el reflejo del rey Felipe IV y la reina Mariana de Austria por debajo de una cortina roja. Dos lámparas ubicadas en el techo, muestran la centralidad en la que está el espejo.
Volviendo a Soho encontramos que esta breve descripción de los personajes, objetos e iluminación (la luz que entra por la puerta) que están en la parte de atrás del cuadro, los que ayudan a crear una profundidad de campo, perspectiva, en la obra de Velázquez, no aparecen en la fotografía. El cuarto, que en el cuadro es el estudio de Velázquez, en la fotografía, parece ser una sala con una gran chimenea, con un fallido intento de iluminar y crear esa penumbra, resultando en una iluminación plana, con un fondo que pierda cualquier importancia, sin perspectiva, perdido, estéril.
Velásquez pinta , al lado izquierdo del cuadro, un gran lienzo, con su bastidor y apoyado sobre un caballete, la cara del lienzo nos da la espalda, quedando oculta al espectador. A su lado se encuentra el pintor, Diego Velázquez, que mira al espectador, con la paleta y el tiento en una mano y el pincel en su mano derecha. A su lado encontramos una de las meninas “(doña María Agustina Sarmiento)” *3 , vestida de terciopelo, se arrodilla al lado de la infanta Margarita, ofreciéndole un búcaro de barro sobre una bandeja plateada, que la infanta coge con su mano derecha. “en arrepentimiento del artista, todavía visible, parece evidenciar la existencia de una postura anterior, la de una mano levantada en actitud de rechazo; o que Velázquez, como con la rueca de Las hilanderas, hubiera querido expresar con una voluntaria indecisión el movimiento de esa mano, para acentuar la vida de la escena” *4 la infanta Margarita, vestida de blanco, mira un punto fuera del cuadro.
Por su lado en la fotografía, el falso Velázquez que sostiene una pluma y un libro (Eduardo Escobar), y no la paleta, el tiento y el pincel como Velázquez, hace que el lienzo que está frente a él pierda fuerza, me pregunto, ¿Qué hace un escritor frente a un lienzo?, de pronto está escribiendo una crítica sobre esa pintura que no podemos ver. Y la modelo (María Fernanda Yepes) que representa a la menina doña María Agustina Sarmiento, toma el mismo punto de vista que el falso Velázquez, una mirada al horizonte perdido, al mejor estilo de Foto Japón. Dicha menina, no crea esa sensación de movimiento anterior, solo está ahí, estática, en una falsa pose, no parece una menina sirviendo a la infanta, solo es una mujer arrodillada, con sus brazos levantado como pidiendo algo. Respecto a la infanta Margarita (Alejandra Azcárate) no hay mucho que decir, solo esta parada ahí, con una mirada vacía, con una gran falta de expresión.
En el cuadro original aparece a la izquierda de la infanta Margarita, la segunda menina, “(doña Isabel de Velasco)” *5 vestida de gris, mirando al espectador. Hace una leve inclinación en señal de saludo y respeto.”A su lado se encuentra dos enanos, la primera es Maribárbola vestida con un traje azul y el otro enano es y ayuda de cámara del rey Nicolasito Pertusato, de perfil y vestido de rojo” *6, y se encuentra molestando a un perro que se encuentra a su lado. Y atrás de los enanos, ya en la penumbra encontramos dos personajes, la que parece vestida de monja, “la guardadamas doña Marcela de Ulloa, tocada de viuda, y un caballero que cruza sus manos delante de la cintura, en pasiva actitud de escucha, quizá don Diego Ruiz de Ancona”. *7
La segunda menina, en el fraude “erótico” de Soho, doña Isabel de Velasco (Juliana Galvis) más parece hacer una inclinación por un repentino dolor de estómago, o un repentino placer, que una inclinación leve en señal de respeto. Se deja de lado la importancia del rol de las meninas, quienes dedican su vida a servir a la realeza, en la revista, es simplemente otra mujer semi-desnuda. Respecto a la otra modelo (Marbelle) que no se, si está representando a la enjoyada enana Maribárbola o al enano, toca admitir que tiene un poco de los dos, aunque creo que es el enano por la posición de la manos, igual no hay nada que decir, solo que el exceso de photoshop le dejo el pezón borroso. Así mismo el cerdo en vez del perro, tampoco aporta un elemento adicional novedoso o por lo menos fiel al cuadro, simplemente se ubica en el espacio que debería estar el perro, que además tiene un significado especial, no simplemente fue retratado por Velásquez por ser el perro consentido de la infanta. En referencia a doña Marcela de Ulloa y don Diego Ruiz de Ancona, sencillamente decidieron suprimirlos, aunque con una justa razón, como estaban atrás y en penumbra, si ubicaban unas modelos en ese punto no se les podría ver mucho sus atributos femeninos.
Este es un cuadro muy complejo de describir, pero no vale la pena ir más allá, simplemente con esta simple descripción, la fotografía se evidencia lo lejos que queda de la intención del pintor barroco y lo poco que aporta como proyecto artístico novedoso. Vale la pena citar el elogio de Théophille, quien preguntó al mirar el cuadro de Velásquez: “¿dónde está el cuadro? como supremo elogio de un lienzo ilusionísticamente pictórico, “fotográfico” antes de la fotografía, que podía aparentar ante los ojos de sus espectadores la simple y pura realidad de un pasado que había retratado trescientos años antes y, no obstante, parecía revivir como por arte de magia, sin el arte del pintor”. *8 ¿Dónde queda esta grandeza en la fotografía? Que con toda la tecnología contemporánea, ni siquiera se acerca un poquito a un nivel mínimo de calidad. ¿Qué podría decir Velásquez? Quien con recursos primitivos logró crear una obra de arte, una fotografía mucho más fotografía que cualquier de las publicadas en la revista Soho.
Es increíble que un grupo de profesionales de la imagen pueda presentar y publicar este tipo de fotografía. Nunca me ha gustado las fotografías de la revista SOHO, el abuso del PhotoShop, muestra un estereotipo de mujer “perfecta”, que ni siquiera tiene poros, mejor dicho no traspiran, por ende no pueden eliminar las toxinas del cuerpo. Y con esta propuesta, solo se consolida mi aversión a la calidad de las fotografías de esta revista, no solo por el excesivo y ya absurdo uso del photoshop, sino por la simplicidad de sus propuestas, que no solo se alejan de ser artísticas, sino que caen en algunos casos en lo absurdo.
Carlos Sierra Ruiz.
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* Marías, Fernando. Las Meninas. Editorial Electa España, 1999. Pag 14.
*2 Ibid., Pag 25
*3 Ibid., Pag 27
*4 Ibid., Pag 27
*5 Ibid., Pag 27
*6 Ibid., Pag 27
*7 Ibid., Pag 27
*8 Ibid., Pag 13
29/08/08
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