Alejandra Martínez Sánchez
La Revista SoHo, más popular por las fotografías que publica que por los artículos que allí aparecen, ha sido blanco de toda clase de críticas debido a la controversia que suscita la aparición de imágenes generadoras de debate, ya sea por el tema tratado o por el/los personajes que aparecen en éstas. Un ejemplo es la reciente publicación de las fotografías de la ex Representante a la Cámara y ahora presa Yidis Medina, donde el aparecer desnuda no aporta ningún peso conceptual al artículo; es el hecho de ser un personaje político que se encuentra en la cárcel, lo que produce esta agitación entre los lectores y espectadores de la revista. Otro ejemplo fue la aparición del “Tino” Asprilla completamente desnudo, quien además de ser un héroe del fútbol nacional, ha sido protagonista de varios escándalos públicos.
Ahora bien, la última publicación de esta revista “El Arte Según SoHo” no se ha quedado atrás en cuanto a generar polémica. En esta edición hay un infortunado intento de recrear fotográficamente obras maestras de la historia del arte, donde se deja entrever la falta de discernimiento y de investigación, así fuese breve, de los significados de las obras y los contextos en los que fueron concebidas, y se hace evidente la necesidad de crear unas imágenes meramente comerciales con el fin de atraer incautos que se dejan deslumbrar por la desnudez del cuerpo de una mujer.
“Violencia” de Alejandro Obregón, de 1962, es una obra fundamental no sólo en la historia del arte colombiano del siglo XX, sino en el ámbito político y social de nuestra sociedad, al convertirse en el ícono de la violencia del país, muy lejos de lo que se logró con la puesta en escena de la actriz Zharick León al intentar representarla, donde sólo aparece como símbolo sexual de la sociedad colombiana contemporánea. La fotografía es una imagen que se encuentra totalmente separada del significado que le dio Obregón al retratar, o mejor, relatar la situación de violencia que atravesaba el país en ese momento, históricamente provocada por la división entre los partidos políticos. En cambio, es la exaltación de la belleza de la mujer embarazada que yace plácidamente en un ambiente cálido y seguro a la espera del alumbramiento. No se hace ninguna referencia visual al tema importante de este cuadro que es precisamente la violencia, aparte del elemento en común obvio que es la mujer embarazada.
Para cuando Obregón realiza esta obra, ha dejado atrás sus influencias artísticas y consolida su lenguaje pictórico llegando a la madurez artística; logra un alto grado de lirismo, expresionismo y gestualidad. Su manejo sobre el tema de la violencia en Colombia aborda la problemática sin ser necesariamente explícito, situación que sucede tanto en obras anteriores, como posteriores a “Violencia”. Su preocupación por esta temática no es una constante en su producción artística, es un interés que le ocasionan ciertos hechos históricos que son coyunturales en los procesos de nuestro país, es así como retrata la “Masacre del 10 de abril” o el “4 de mayo” donde representa los abusos de la dictadura de Rojas Pinilla. En el caso particular de la pintura en cuestión, fue el impacto que le provocó el encontrar en un periódico la imagen de una mujer embarazada muerta por un hecho violento.*
En este cuadro, Obregón se aleja de esa fuerte tendencia al bodegón que había trabajado en la década anterior, donde también se visualiza ese imaginario de crueldad y violencia a través de cuchillos y palomas degolladas. Para esta obra, él transforma el plano pictórico y resuelve el cuadro a manera de paisaje, dándole un sentido de horizontalidad y hace evidente su referencia más concreta al expresionismo abstracto, introduciéndole un significado psicológico al color. Su uso, más bien restringido, le da cabida a una amplia gama de grises y negros, y genera el concepto de violencia acentuando ciertas partes del cuerpo con manchas de color rojo y amarillo dentro de un panorama sombrío.
Tal como lo afirmó Marta Traba, “El tema de la violencia, cuyo espantoso dramatismo amenaza con reducir al silencio a todo artista de verdad, ha sido convertido por Obregón en un funeral extraordinario de grises y negros que envuelve la figura inerte y sin brazos de una mujer grávida, muerta, tendida en el horizonte. Obregón, que siempre tiende a “salvar” sus cuadros de los abismos grises por medio de alguna nota fugaz y deslumbrante, no ha intentado aquí nada semejante. El cuadro es absolutamente gris, absolutamente sordo, absolutamente silencioso: por vez primera la tragedia tiene un intérprete a su inmensa medida.”**
Por esta razón, la fotografía publicada en SoHo no se acerca ni remotamente al contexto original del cuadro, ni a la composición, ni mucho menos a su significado, no sólo en este caso sino en el de las otras imágenes de la misma publicación. El sentido de parodia que la revista quiere darle a las fotografías es opacada por el motivo únicamente comercial, vacío de cualquier interpretación objetiva, más que la del deleite visual de la desnudez del cuerpo femenino. Obregón no explora en ningún momento la mujer como sujeto estético, sino que la utiliza como instrumento para referirse a la violencia, opuesto a la revista que la usa como objeto de deseo, vendiendo unos cánones de belleza a través de la imagen falsa y alterada, al igual que la mayoría de las imágenes que circulan por las grandes instituciones de poder como los medios masivos de comunicación.
La imagen fotográfica propuesta para reinterpretar “Violencia” –contrario a la obra original- muestra, gracias a las bondades del retoque digital, la belleza de la mujer embarazada con una piel tersa y suave, un maquillaje muy bien logrado, un pelo brillante y peinado, que de ninguna manera refleja signos de muerte o violencia. Parece quizás la mirada de un espectador que vigila el sueño placentero de la futura madre.
Con este tipo de imágenes, la revista SoHo se ha desviado de su objetivo principal del entretenimiento masculino, hacia la generación de controversia en distintos sectores. Con esta última edición se hace notable no la propuesta de una mirada de reinterpretación del arte, sino el afán publicitario a través de golpear diferentes ámbitos de la sociedad, en este caso, el del Arte, tal como lo hizo en su momento a la comunidad religiosa con la publicación de “La Última Cena”.
*Conversación con Camilo Chico, Investigador Asociado del Catálogo Razonado de Alejandro Obregón.
**Marta Traba, citada en Alejandro Obregón El Mago del Caribe, Carmen María Jaramillo, Asociación de amigos del Museo Nacional de Colombia, Bogotá, 2001, pág. LV
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