Una mueca, una variación en un texto, una descontextualización, un gesto en el lenguaje que imita a la obra original definirían con alguna proximidad las estrategias de la parodia para que sus efectos risibles funcionen. Seguramente, la Monalisa con las tetas al aire (esta descripción escueta pretende ser parodia también) produciría risa o alguna fruición bajo los pantalones de algunos varones. Sin embargo, el Desnudo azul merece otro tratamiento.
El arte, el canon del arte, si bien se alimenta constantemente tiene unas líneas de acción muy definidas que, por motivos históricos y sociales, han establecido valoraciones sobre los objetos estéticos en las que el arte hace parte de la alta cultura occidental (como valor) y la baja cultura se imagina en el folklore. Si bien este concepto ha sido debatido desde finales del siglo XIX, es el determinante en la propuesta de historia del arte que ofrece la revista Soho.
Esta imitación, ese deseo de acercar esta pequeña parte de esta alta cultura a los lectores, al amparo del término parodia, hace caer a Soho al parecer sin saberlo, en el terreno de lo kitsch.
Susan Buck-Morss expone el elitismo ¨descarado¨de la Historia del arte1 que se reserva el derecho único de admitir y reconocer obras y artistas, enseñándolos en la academia y colocándolos ya en el imaginario colectivo como grandes maestros con magnas obras, dignas en este caso de parodias como la que nos ofrece Soho en su edición número 100; y que -se podría pensar- acercan al colectivo desprevenido a esta élite artística. ¿Será este acercamiento un ejemplo a lo colombiano de la invasión de la barbarie kitsch, como lo llama la autora, a la Historia del arte, lejana e intocable? En realidad ¿cuántas personas del público objetivo de la revista conocen la totalidad de las obras re-creadas? Aunque Soho se salve de cualquier responsabilidad pública al escudarse en la palabra parodia ¿existe en el trasfondo de estas fotografías una intención de reintrepretación de las obras en el contexto actual como acercamiento de las mismas? Al ver el ejemplo de Desnudo Azul, ¿podría encontrarse dicha reinterpretación?
La percepción inicial al ver estas fotografías es que son, en efecto, una copia, una imitación de obras de arte consideradas de alto valor estético en la historia del arte. Lo burlesco es aportado por los desnudos gratuitos, que suponen más revistas vendidas. Sin embargo, algunas de las obras objeto de la supuesta parodia son en efecto desnudos, en cuyo caso la parodia construida a partir del desnudo como elemento de contraste y la ruptura con el original no es posible.
En el caso de Desnudo Azul el editor (o muy seguramente la modelo) dispusieron una postura del cuerpo que modificaba la obra original: la modelo se tapa los senos con el brazo, horizontalmente. Esta decisión acerca más a la fotografía con la obra y permite detenerse en la calidad de la toma como tal; se trata, en efecto, de una obra que no sólo no es parodia de la obra de Matisse sino que es independiente de ésta. El manejo de luz es notable al resaltar el volumen del cuerpo de la modelo, que concuerda con la intención de Matisse de plasmar la forma y la elasticidad de la figura de la mujer africana. Pongo en duda que la elección de una mujer negra haya sido coherente con el referente del pintor, pero es un punto más en favor de la pieza.
Pese a estos aciertos, la abstracción y la expresividad propias del arte moderno –movimiento que surgió a principios de siglo como reacción ante la literalidad de la representación en el arte de finales del siglo XIX, y especialmente en el Fauvismo del cual Matisse fue el precursor– se pierden en la expresión plana y estereotipada en el rostro de la modelo y en la aplicación vana del elemento clave del color azul por medio de un evidente cambio tonal en photoshop. Estos desatinos hunden la imitación, pues sin la presencia de la imagen de la obra Desnudo Azul original, pasaría por una foto más de un desnudo cualquiera, lo que no ocurre con otras piezas de la muestra. Por otra parte tampoco hay elementos que produzcan burla o crítica.
En este punto surge la pregunta ¿dónde está la parodia? (además de si la fecha a la que le atribuyen a la obra, 1876, corresponde a la de la factura de la obra o a la primera comunión de Matisse, quien nació en 1869). Viendo la irregularidad de las diferentes piezas, se confirma que Soho no midió los alcances de este término ni la unidad que debería dar a la muestra, produciendo una propuesta irregular en su contenido, su intención y su calidad técnica.
El editor usó “parodia” como categoría para esquivar una discusión juiciosa sobre la propuesta, desaprovechando la oportunidad de la reinterpretación. Con una buena idea y con excelentes herramientas se hicieron imágenes de contenido pobre, sin fondo y en algunos casos, con forma deficiente.
Se podría concluir, en el caso del Desnudo azul de Matisse y en otras “parodias”, como la de Las señoritas de Avignon de Picasso, que hay estética kitsch pero no hay parodia. No son malas fotografías, tienen una producción aceptable y atraen al espectador desprevenido con los recursos de siempre: la explotación del cuerpo femenino con exposiciones y poses cliché. El punto es que Soho se equivocó de palabra y logró lo contrario a lo que quería etiquetando el ejercicio con un término que no corresponde al resultado total y visible del trabajo. Al parecer se les pasó lo ineludible y es que sobretodo la risa o la imitación requieren de contenido y de contexto.
Johanna Milena Rodríguez L.
1.BUCK MORSS, Susan. La epistemología de la visualidad en la era de la globalización. Ad. Akal 2005.
29/08/08
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